Psikharpax, el robot rata
Existe un campo más en el que destacan nuestros compañeros, los buenos robots, y este es el entretenimiento. De hecho, compañías como Hasbro y Sony tienen un excelente catálogo de lo que son consideradas ‘mascotas robóticas’, que son capaces de hacer trucos que pueden sorprender tanto a los niños como a los adultos. Empero, ni las máquinas industriales ni estos animales mecánicos tienen razón de reconocerlos de inteligentes. ¿Y entonces? ¿Qué no está bien?
Esto es lo que están intentando responderse los expertos del Instituto de Sistemas Inteligentes y Robótica de Francia, por medio de una rata hecha de latón, de 50 centímetros de largo de nombre Psikharpax. El robot, que se llama así debido al rey de las ratas en la parodia de la Ilíada, fue dispuesto de los elementos básicos para que pueda sobrevivir como lo haría uno de estos roedores de carne y hueso. Para trasladarse por dentro de una casa, o en el interior del laboratorio donde se lo desarrolla, cuenta con cámaras de vídeo como ojos, dos micrófonos que actúan de orejas, y un grupo de bigotes que emulan las funciones de los pelos de una rata real. Todos los datos recogidos por los sensores son analizados por un procesador central, que además acciona los motores eléctricos que le ofrecen movimiento a Psikharpax.
Este robot se distingue de los demás por su arquitectura neuronal que le permite realizar ciertos trucos propios de una rata de verdad. Los diseñadores apostaron a la biomimética, puesto que Psikharpax simula a la naturaleza para que se adecúe a lo imprevisto y adquiera conocimiento. De hecho, su software es diseñado especialmente para hacerle “sobrevivir” en un entorno riesgoso.
En condiciones de luz baja u oscuridad, Psikharpax puede dejar de lado la información juntada por las cámaras y orientarse sólo en lo que indica los micrófonos o los datos que mandan los bigotes. En efecto, esto es lo que hace una rata verdadera. Además evita obstáculos y es capaz de “comer”, yendo a determinados puntos en donde puede recargar las baterías.
Los científicos esperan que este horroroso roedor blanco aporte conocimiento necesario para que los robots del futuro sean algo menos tontos y sean herramientas de mayor utilidad que ahora.
































